El equipo de profesionales de Desarrollo Infantil de El Grial, Casa de Salud, realizó durante el mes de julio de 2017 los primeros encuentros del ciclo de talleres del “Programa para la salud y cuidado del niño”.

Los temas que ocuparon nuestro interés fueron:
«El desarrollo del sentido del tacto y el calor como bases de la salud en el hogar.” “El despertar de la intuición en el rol del cuidador del niño pequeño.»

El sentido del tacto es el primero de los doce planteados por la Antroposofía.

El niño nace y todo su cuerpo es masajeado cuando pasa por el canal de parto, estimulando los sentidos de la piel y proporcionando su primera sensación de definición corporal, de límite. Este primer mapa de su cuerpo le indica al niño cual será el espacio para ser habitado durante el resto de sus días. Sensación de definición, de contención, de limite, que se va trasformando y trasmutando a lo largo de la infancia, siendo sumamente importante traerla a la conciencia para poder ofrecérsela al niño, pues de ésta dependen no solo su sano desarrollo sino la salud y el bienestar en el hogar, de este y de momentos posteriores.

Las primeras mantas que envuelven al niño permiten que este se mueva con sus manitas y piecitos devolviéndole éstas el límite de su propio cuerpo a habitar. Así, en esta experiencia van transformándose: la manta en el piso que le permite sentir su espalda y poder sentir el balanceo de su cuerpo; luego con el corralito, en el cual sentado se mueve permitiendo una vivencia inconsciente de “hasta dónde puede llegar”, después adaptamos la casa para su despliegue, los lugares a los que se puede y no se puede acceder, la mirada de la madre confiada y segura acompaña con firmeza. Esta envoltura de límite entre los 2 y 3 años toma cuerpo en las decisiones que determinan los adultos por este niño hasta que éste sea capaz de hacerlo por sí solo, por ello no es aconsejable preguntar al niño de esta edad qué quiere comer, qué quiere ponerse, a dónde quiere ir, él confía en nosotros, y preguntándole hacemos que pierda la confianza en el mundo y en él mismo, pues aún no sabe decidir.
El sentido del tacto me permite encontrarme (en un espacio estrecho y delimitado) conmigo mismo, y a su vez y desde allí sentir la cualidad de los objetos que “palpamos”, no solo con nuestra piel sino también con nuestros ojos, nuestro olfato, y el gusto, sentidos que nos permiten “palpar” y llevar el mundo hacia nuestro interior, por ello recomendamos juguetes de materiales nobles (madera, tela, lana, metal), pues así el niño se conecta con lo verdadero que hay en esos juguetes, siendo esto la naturaleza y su ser creador (llamémosle Dios, universo, pachamama) no siendo así los juguetes de plástico que son creados con el fin del comercio, por más de que sea didáctico.

La sensación del tacto proporciona al yo una apertura para que pueda entrar la calidez. Tiene también la función de encontrarse con el amor.

La imagen arquetípica es que el niño viene con un envoltorio. El niño tiene que tener: calor (envoltorio, protección); alegría y equilibrio.

El calor es la sustancia básica para la formación y maduración del cuerpo fisico. El calor del alma, es lo que en psicología se llama apego, el amor que proporcionamos en el vínculo con el bebé, nuclear para el desarrollo del Sistema Nervioso Central. Luego tenemos el calor del espíritu, es el que se refiere a la alegría de los adultos a la espera del nuevo ser; en este camino de transformación tendremos que prestar mucha atención a que ese ser encuentre su camino. Cada ser tiene sus propias necesidades.

Cuando este sentido es dañado por diferentes causas (exposición a la TV, celular, tablet, internaciones, abandono, falta de apego, etc) vemos claramente a niños con miedos, falta de confianza, agresividad, hipersensibilidad y enfermedades de la piel.

A través del sentido del tacto desarrollamos seguridad y confianza en el mundo, incorporamos (junto con el sano desarrollo de los demás sentidos) la cualidad o habilidad esencial que un joven necesitará en su futuro: La fuerza de voluntad!