En este encuentro pusimos atención en nosotros: padres y cuidadores del niño. Experimentamos por un rato el placer y alegría que brinda sentir la espalda en el piso, jugar con el peso, caer y volver, desafiar al equilibrio. Pararnos otra vez con mas seguridad y mas próximos a un centro interno.

Un viaje directo a la comprensión y valoración de todo lo que le sucede al bebe cuando esta contenido, contento, en un buen piso o corralito donde explorar, tocarse sus pies, mirar, rolar… sin peligros.

Tiempo para madurar el sentido del equilibrio, espacio para desplegar el sentido del movimiento. Ambos piden ser respetados por el mundo adulto para que puedan crecer niños que salen caminando con confianza, que conquistan también la quietud cuando es necesario.

A través del cuidado del sentido del tacto brindamos la posibilidad al niño de delimitar y encontrarse con su cuerpo físico, el niño se dice… Este es mi cuerpo!

A través del cuidado del sentido del vital y gracias a los ritmos y rutinas, el niño se dice… Quiero habitar mi cuerpo!

Es el sentido del movimiento propio el que le brinda alegría y sensación de liberdad cuando puede desplegarse en un ambiente adaptado, cuidado. El niño dice… Que alegría me da moverme!

Finalmente es el  sentido del equilibrio, que permite el ensayo y error, la caída y el levantarse solito, brindando al niño una sensación de poder conquistar su propio cuerpo en movimiento… Soy capaz de conquistar mi cuerpo en el espacio!

El sano cuidado en los primeros años brindan las capacidades que serán necesarias en la escuela y la vida adulta: confianza, seguridad, alegría, calma, estado de presencia absoluta, sentimiento de integridad.

Sin duda nosotros adultos, padres necesitamos reflexionar y poner conciencia en la crianza. El encuentro se vuelve nutrición para todos!

Y ahora, en el próximo taller profundizaremos más en como organizamos la casa, la familia, los ritmos del hogar para favorecer este proceso?